Un festival con la seguridad que otorga la ignorancia, sin vergüenzas ni etiquetas. Directos a la pista, a la plaza, a la fiesta, porque la vida son dos días y uno de ellos llueve.

El año pasado nuestros tentáculos sonoros palparon el circuito de muchas de las salas que pueblan el circuito urbano en Barcelona. También las salas y sus responsables se mojaron con nosotros apostando por la diversidad musical, sorteando todo tipo de obstáculos y bien alerta con aquello que nos hace vibrar sin tener en cuenta este proyecto deficitario y sin esperanzas, porque «en las causas perdidas se pincha más libre».